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Valiente, leal y bondadosa entre los adjetivos para el retrato a Carmen Calleja

Carmen Calleja de Pablo Carmen Calleja de Pablo

 

*El miércoles 3 de abril el Excmo. Ateneo de Sevilla hizo un merecido homenaje póstumo a quien fuera la presidenta de la Sección de Ciencias Morales y Políticas de la institución

 

 

El miércoles 3 de abril a las 20h una inmensa imagen coronaba el Salón de Actos del Ateneo de Sevilla. Si una imagen vale más que mil palabras, aquella, era el primer plano de una mujer sonriente, de mirada limpia y directa. Carmen Calleja de Pablo era el motivo de que decenas de ateneístas, familiares y amigos se reunieran en el espacio común de la Docta Casa para darle un merecido tributo póstumo.  

Como maestros de ceremonias, testigos de las distintas facetas de una mujer “con una mente privilegiada”, en palabras de Alberto Máximo Pérez Calero, Presidente del Ateneo de Sevilla, estaban: el notario, Antonio Ojeda Escobar; el rector de la Universidad Pablo de Olavide, Vicente Guzmán Fluja; el periodista, Francisco Robles Rodríguez; el hijo de Carmen, Lucas González Calleja; y, el Presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Calero.

El acto comenzó con la interpretación musical del joven pianista, Francisco David Rodríguez Vela, de la pieza: Preludionúmero 5 del 2º Volumen de Bach. Mientras, un rotativo de imágenes daba fe a la sala de que Carmen Calleja había sido directiva en la presente institución cultural anfitriona en dos legislaturas, en las cuales había organizando foros entorno  a la paz o eventos con invitados como el cantautor José Antonio Labordeta.

A golpe de nota, las imágenes hablaban de una Carmen senadora, de una Carmen jurista, de una Carmen “severa” en púlpitos y, “cercana” en sus altos cargos de función pública. Imágenes de la faceta social que se entrelazaban en armonioso contraste, con esas otras fotografías, joyas de los recuerdos familiares, que retrataban a  una Carmen privada, a una Carmen madre, a una mujer “sonriente” de a pie.

En sus intervenciones, Marcos Ojeda, destacó que ella “desde muy joven fue una persona muy comprometida con los problemas de su tiempo. Valiente”. Vecina en la calle de Sevilla que lleva el nombre de quien fundara el Ateneo, Manuel Sales y Ferré en 1887, “era inmensamente responsable, con una capacidad de trabajo y entrega, admirables. Desayunaba con ella los domingos y en la conversación te contaba  con toda la naturalidad del mundo que esa misma tarde viajaba a Estambul para asistir a una reunión de la OTAN”, dijo su amigo, Marcos Ojeda.

“Cercana, preocupada, cálida, humana, entusiasta, siendo severa y rigurosa, porque una cosa no quita la otra”, la describió el Rector de la Universidad Pablo de Olavide, Vicente Guzmán. Carmen Calleja fue presidenta del Consejo Social de dicha universidad y su rector manifestó que “en los tiempos tan difíciles que transcurren para la universidad pública, se la echará muchos de menos. Contar con una persona de la categoría intelectual, histórica  y jurídica de Carmen era un servicio impagable”. Del mismo modo, Vicente Guzmán exaltó que el presente homenaje en el Ateneo era “un ejemplo de foro de pensamiento democrático”.

 

Por su parte, el periodista Paco Robles, destacó que “Carmen no era una mujer polemista, sino una buscadora de la verdad, incluso, de la belleza”. Y aún siendo una mujer que “arrasaba” tenía una capacidad de “empatía y un sentido del humor que la hacían adorable”. Pero sobre todo, su compañero en programas de televisión manifestó que era la persona “menos sectaria que había conocido. Tenía un sentido de la lealtad fundamental y un compromiso de la verdad insobornables”, aunque ello supusiera decir “no” a directivos o líderes políticos. En las primeras incursiones de Carmen Calleja en los medios de comunicación, Paco Robles la bautizó como “icono mediático de la Andalucía de la segunda modernización”. Significante cuyo significado llevaría con gusto “la Calleja” manifestándole: “Paco, ¡qué la gente me para  por la calle para hablar del programa!”, haciéndole extensibles las inquietudes hechas por el anónimo viandante. El periodista, que calificó su amistad con la homenajeada de “flechazo, por mucho que discutiera era imposible pelearse”, y de haber pasado con ella momentos de inmensas risas por “conspiración”, cerró su intervención con unas emotivas palabras manifestando que allá donde esté no piensa “contar la relación” siendo su muerte “sólo un accidente”.

Y es que, “la muerte no nos roba a los seres amados, muchas veces es la vida la que nos los roba”, palabras de François Mauriac con las que el hijo  de Carmen, Lucas G. Callejas, manifestó públicamente el dolor por la ausencia de la “cariñosa” figura de su madre. Una mujer de “matices”, ávida lectora de “los clásicos”, “amante del derecho y la arquitectura”, y de la “belleza de las tradiciones”. Entre sus recuerdos, el niño de 14 años, Lucas, saliendo de penitente en Pasión, bajo la mirada de su madre, Carmen, y su abuela, Aurora. Con un emotivo viaje en el tiempo, el hijo adulto, mostró sentirse orgulloso del legado de su madre y leyó un fragmento de un artículo periodístico de la misma. Un artículo donde Carmen Calleja describía el hecho de que un grupo de universitarios sevillanos habían ganado un proyecto científico entre centenares presentados desde todas partes del mundo, con concursantes competidores como la Universidad de Harvard. Con el artículo, Carmen Calleja, defendía la materia prima andaluza intelectual, científica y profesional, en contra de todo manido prejuicio sureño, prototipo simplista de lo folclórico.

El presidente del Ateneo fue quien terminó las intervenciones. Una hora de evento había transcurrido “emocionante” como la figura motivo del acto.

“Habla Alberto Máximo Pérez Calero, no solo como presidente del Ateneo de Sevilla y compañero en junta directiva de quien fuera la presidenta de la Sección de Ciencias Morales y Políticas de la institución. Habla el Alberto amigo de Carmen, y el Alberto que fue su médico de cabecera”. Su médico, ante la sorpresa de los presentes, declaró que “al final, la enfermedad había sido muy cruel con ella”, y que, en un pulso con la vida, “Carmen Calleja estuvo trabajando casi hasta sus últimos días en la medida de sus posibilidades”. “Yo le decía que se pasara a verme cuando finalizaran todas mis visitas médicas, y en la consulta manteníamos tranquilamente largas conversaciones sobre lo humano y lo divino”. Por su secreto profesional como médico, el presidente del Ateneo de Sevilla no dio más datos, salvo aquellos que ponían de manifiesto que Carmen fue una “mujer fuerte en momentos muy duros”. Y sobre su labor cultural en el Ateneo, “siempre estuvo y la tuve como amiga”, dijo.

El acto en homenaje póstumo a Carmen Calleja de Pablo finalizó con la interpretación a piano de la Fuga número 5 del 2º Volumen de Bach. En el presente queda el legado de una persona auténtica. Una vida escrita con la valentía de la primera persona del singular: Yo; pero con la solidaridad ciudadana de lo que conlleva vivir en la primera del plural: Nosotros. En palabras de los que la conocían, con voluntad “conciliadora” en pro de la creación de espacios comunes que fue de la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Sevilla.

 

 

 

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