ATENEO DE SEVILLA

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO, EL ATENEÍSTA BIBLIÓFILO

JOSÉ VALLECILLO LÓPEZ, VOCAL PRESIDENTE DE LA SECCIÓN DE LITERATURA DEL ATENEO DE SEVILLA.

José María Izquierdo y Martínez nació en el número 59 de la calle Castellar de Sevilla el 19 de agosto de 1886 y falleció, hace 104 años, en el número 26 de la calle Santa María la Blanca de su misma ciudad natal el 8 de julio de 1922. Escritor, jurista, periodista y gran humanista, tras cursar el Bachillerato en el Colegio Calasancio Hispalense (Los Escolapios), estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, doctorándose en Madrid con su tesis El Derecho en el Teatro y llegando a ejercer como profesor auxiliar de Derecho Canónico en la Universidad de su ciudad.

    En cuanto a su labor literaria, es autor de obras como De las normas y las formas, Por la parábola de la vida, Relieves… sin relieve, Reportes de un reportero inactual o Esquicios desquiciados, aunque su obra más conocida es Divagando por la Ciudad de la Gracia, que, publicada en 1914, nos ofrece una auténtica y sincera interpretación literaria de Sevilla, a la que convierte en un auténtico género literario al “divagar” sobre ella con una prosa que tiene algo de ensayo y de periodismo, pues Izquierdo fue también un importante articulista en periódicos sevillanos como El Liberal o El Noticiero Sevillano, de donde proceden muchos de los textos de sus libros.

    En sus Divagaciones José María Izquierdo sigue la estela de escritores del 98 y del 14 como Ángel Ganivet, Joan Maragall, Eugenio D’Ors, Ortega… que antes que él escribieron ya sobre ciudades y regiones, y a su vez, es un claro antecedente de la producción literaria desde una óptica personal sobre Sevilla de autores como Manuel Machado, Manuel Chaves Nogales, Rafael Laffón, Joaquín Romero Murube o Luis Cernuda, dedicándole este último un capítulo en Ocnos titulado con su nombre y apellidos, siendo el autor de estas Divagaciones el único que aparece citado así en el libro.

    Divagando por la Ciudad de la Gracia no es, en absoluto, el libro de un autor que caiga en el elogio fácil de su ciudad, sino una certera aproximación al estado del espíritu de esta como tal mediante un estilo de un profundo lirismo que impregna las descripciones de sus plazas, jardines, monumentos… Junto a ello, la mejor obra literaria de Izquierdo nos muestra también una visión crítica de este con la Sevilla de su tiempo, abordando temas tan actuales como la denuncia del vandalismo contra parques, jardines, esculturas… o servicios de la ciudad claramente mejorables, como, por ejemplo, el funcionamiento de las bibliotecas, una de sus grandes pasiones.

    Tampoco deja de sorprendernos en este libro de 1914 la apuesta de su autor por las transformaciones necesarias en la Sevilla de entonces para ser una ciudad moderna, como cuando muestra su descontento con una ciudad museo a favor de una urbe viva o cuando escribe sobre el futuro día en que el prado de la Feria de entonces habría de ser urbanizado.

    Aparte de su pasión como humanista por los libros, la lectura, la escritura, las bibliotecas y las disciplinas que conforman las letras humanas, a Izquierdo se atribuye el utilizar ya en 1913 el concepto de “Ideal Andaluz”, a través de su patriotismo ciudadano, antes de ser presentado en 1914 por Blas Infante en el Ateneo de Sevilla, institución ligada al escritor hasta el punto de ser uno de sus más ilustres ateneístas.

El Ateneo de Sevilla para José María Izquierdo fue parte importantísima de su vida. En él, donde ingresó en 1905, ocupó, entre otros, los cargos de secretario, bibliotecario, presidente de la Sección de Literatura y vicepresidente, proponiendo ideas, lanzando propuestas, sugiriendo mejoras, ejerciendo como lo que hoy denominaríamos un auténtico mediador entre posturas encontradas, siendo por lo general, unánimemente reconocida su figura y estimadas sus opiniones.

Dentro de las múltiples facetas ya citadas que nos ofrecen la figura y la obra del escritor, periodista, filósofo, humanista y bibliófilo, en esta última muestra su pasión por los libros, la lectura, la investigación, las bibliotecas y los archivos, así como el manejo de una extensa y relevante bibliografía que contribuyó a su formación y a moldear su personalidad a lo largo de su corta vida.

El escritor siempre encontró en los libros al buen amigo que no importuna, que no traiciona nunca. y sostuvo que los libros fueron su pasión, su manía, su culto. Para él, la elección de los libros que leemos es tan importante como la elección de los amigos, los maestros o nuestra pareja. Izquierdo sostenía que algunos libros tienen un vivo calor de humanidad, más alma que la misma palabra hablada.

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